Infidelidades, drogadicción y hasta proxenetismo, secretos que se conocen durante un corte de cabello o asesoría de imagen.

847

Al visitar un salón de belleza se cree que la única actividad de quienes laboran allí es la de embellecer la imagen de sus clientes. Corte de cabello para hombre, cepillados para las mujeres y arreglo de uñas para quien lo requiera, son sólo tres de los oficios que se ven en estos lugares; sin embargo, hay una actividad que muchos de ellos ejercen con sus clientes sin proponérselo y es el de confidentes.

Y es que en muchos casos, los profesionales del cabello, el rostro y las uñas, entablan con sus clientes una empatía que con pocas personas se logra establecer. Durante el tiempo un servicio que promedia alrededor de 30 minutos a dos horas, los clientes tienen diferentes opciones para distraerse, entre ellas, cerrar los ojos, mirar por el espejo, leer revistas, atender el celular, o simplemente hablar con quién le está atendiendo; esta última opción es la que se elige con mayor frecuencia.

Cuando la relación entre el profesional de belleza y su cliente es por primera vez, normalmente existe una barrera que los limita al silencio; pero cuando el servicio se hace más frecuente, las palabras, los casos y las historias de vida salen a flote, convirtiendo a las y los profesionales de la belleza en verdaderos confidentes.

En medio de cepillos, secadores, maquillaje, limas y esmaltes, él o la cliente se despoja de sus secretos que en ocasiones son como pesadas cargas que llevan a cuestas hasta más no poder. Estas sensaciones hacen que exterioricen sus experiencias sacando de su interior lo que por algún tiempo han guardado con temor.

“Una señora sospechaba que el marido le estaba siendo infiel. Una vez lo siguió hasta un motel, entró, y qué sorpresa para ella fue ver a su esposo pero con otro hombre”, “Un político muy reconocido de la ciudad que le pegaba a su esposa, ella también una empresaria muy nombrada”, “Una señora que con 5 años de casada le era infiel a su esposo pero con un preso de la cárcel” y “Un empresario muy prestigioso, casado y con una hija de 15 años, que vino a ofrecerme trabajo como dama de compañía”. Estas son sólo cuatro historias relatadas por algunos profesionales de belleza de quienes omitiremos su nombre por seguridad, pero que recrean una realidad en la que están inmersas muchas personas de distintos estratos sociales.

En muchos casos, los clientes no visitan las salas de belleza porque en realidad requieran el servicio, sino porque ven en quienes trabajan allí, esos confidentes que escuchan sus historias y que les permite quitarse de encima un peso que llevan sobre sus vidas.

_____________________________________________________________________

Publicidad

banner-ahc