“El tiro del sicario va a la cabeza, y él me lo pegó”

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Cuando una persona tiene un prontuario delictivo y cada vez que sale de prisión nuevamente comete actos iguales o peores que los anteriores, recibe el rechazo absoluto de la sociedad; en estos casos, muchos lo condenan deseándole hasta la muerte; sin embargo, algunas personas logran resocializarse y alcanzar cambios inesperados para su familia y los demás.

Él es Jameydi Contreras Otavo, un hombre de 45 años de edad que a los 12 ya hacia parte de una pandilla en Ibagué. Durante su última estadía en la cárcel y luego de 11 condenas en su historial por varios delitos, encontró el motivo para dejar la delincuencia y ser una persona de bien.

A.S.S: ¿Dónde nació?

J.C: Yo nací en la canal, en el barrio Independiente de Ibagué. Me crie al borde de la acequia, en la olla.

A.S.S: ¿Cómo fue su niñez?

J.C: Muy dura porque tuve un papá que maltrataba a mi mamá y a mis hermanitos, y aguantamos hambre. Por eso cuando crecí, me involucré con pandillas y con la delincuencia, porque quería tener plata para no estar más así.

sicario2A.S.S: ¿Consumió drogas?

J.C: Si claro, perica, bazuco, marihuana. Una vez cuando me di cuenta, estaban mis hijos conmigo y yo tenía toda la cara untada de bóxer.

A.S.S: ¿Qué delitos cometió?

J.C: Hurtos, secuestro, incluso cuando uno está en pandillas lo único que piensa es en quitarle la vida a los de las otras pandillas, entonces… todo eso son errores que uno comete cuando está metido en eso. Incluso a mí me hicieron varios atentados; una vez me dieron doce machetazos, en otra ocasión me dieron cinco tiros.

A.S.S: ¿Qué tipo de armas manejó?

J.C: De todas; 38, 9 milímetros, subametralladoras, granadas, cuchillos, navajas.

A.S.S: ¿A qué edad fue por primera vez a la cárcel y por qué?

J.C: A los 18 años y caí por robar un carro.

A.S.S: ¿En qué momento decidió cambiar?

J.C: La última vez que estuve en la cárcel me dieron 14 años de prisión y estando ya condenado me salieron dos condenas adicionales que me daban 40 años más, entonces un día me iba a tirar del quinto piso para matarme y cuando ya lo iba a hacer se me acercó un hombre y me dijo que Cristo me amaba y empezó a hablarme de eso. Después de hablarme mucho tiempo, desistí de lanzarme e hice un compromiso con Dios y le dije que si él me ayudaba a salir pronto, yo no volvía a delinquir, y fue así como sólo pague 6 años de todo lo que realmente debía pagar en prisión, más de 50 años.

A.S.S: Su cuerpo tiene muchas cicatrices.

J.C: Si claro, tengo más de setenta cicatrices hechas con machete, cuchillo, bala, operaciones, de todo.

A.S.S: Cuando salió de la cárcel ¿qué se puso a hacer?

J.C: Pues imagínese, uno recién salido de la cárcel y con 11 condenas encima, quién le iba a dar trabajo a uno, ¡nadie! Pero me encontré con un amigo y él me llevó a trabajar con una de las empresas más grandes que hay en Colombia, con Ecopetrol.

A.S.S: ¿Cómo hizo para ingresar a esta empresa con su historial?

J.C: Una cosa en sin Dios y otra con Dios. Mi amigo me dijo que me habían mirado mis antecedentes disciplinarios y que en el sistema no me había salido nada, entonces entré a trabajar y allá estuve durante dos años.

A.S.S: ¿Qué labor desempeñó?

J.C: Contratista de pintura; viajé por todo Colombia y parte del Ecuador pintando bombas de gasolina.

A.S.S: ¿Por qué se retiró si era un buen empleo?

J.C: Porque quería independizarme y repartir mi tiempo para trabajar, pero también para hablar de Dios con la gente, entonces así lo hice. Ahora soy contratista de construcción, trabajo cuatro días a  la semana y dos días voy a predicar a la cárcel.

A.S.S: ¿De quienes se compone su familia?

J.C: En mi familia somos seis; mi esposa, una niña que estoy criando y mis tres hijos que ya son mayores de edad; uno está en Italia trabajando y es contador público, el otro está en Panamá y también es contador, y el menor que estuvo un tiempo en la marina y ahora está aquí conmigo.

A.S.S: Si usted se encontrara con una de las personas que atentó contra su vida ¿qué haría?

J.C: Ya me pasó; una vez entré a predicar al patio de alta seguridad de la cárcel en Picaleña y ahí me encontré a uno de los que me intentó sicariar. Yo lo único que hice fue abrazarlo y decirle que Jesús lo amaba, y ahí fue cuando me contó que le habían pagado cuatro millones de pesos para matarme. El tiro del sicario va a la cabeza y él me lo pegó; entró por la frente y salió por la parte de atrás de la cabeza. Después cuando salí de la clínica, él me estaba esperando nuevamente en una moto para matarme pero me contó que no había podido porque me vió salir con cuatro policías al lado; yo le dije que no, que iba solo con mi mamá y otro muchacho pero sin policías, entonces me dijo que creía que yo tenía pacto con el diablo. Yo le dije que desde ese entonces Dios ya me estaba guardando, y en ese momento el muchacho me abrazó, se puso a llorar y fue un encuentro muy especial.

A.S.S: ¿Tiene algún mensaje para los lectores?

J.C: Que la gente puede buscar dinero de muchas maneras, pero mientras Dios no esté en el corazón, nada podrá saciar las cosas.                                                                             _____________________________________________________________________

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